Cambiar una vida sí merece la pena

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“Me levanto a las 5 de la mañana todos los días para ayudar a mi madre a lavar el maíz, al ratito voy a por cuatro galones de agua al pozo de la comunidad con mis hermanas. Luego hago tortillas de maíz y preparo los frijoles cuando hay, apilo leña para poder cocinar durante el día y lavo los trastes de la noche anterior”, me explicaba Glenda, la hija mayor de Don Pablo durante mi viaje a Guatemala.

Glenda vive en Petén, en la comunidad de las Flores Machaca III, le llaman Machaca debido al pescado que habita en el río de la región del sur oriental de este. Glenda tiene 18 años y sólo pudo estudiar hasta sexto de primaria para que sus otros 8 hermanos, tuvieran la oportunidad de aprender lo básico, leer y escribir.

Acabo de volver de un viaje inolvidable en el que he conocido una bella cultura y unas personas increíbles que me han recordado lo que realmente importa en la vida. Durante mi visita a Guatemala he aprendido o mejor dicho comprendido que realmente, los que menos tienen son los que más dan. La familia de Don Pablo me abrió las puertas de su hogar, compartió su escasa comida conmigo y me dieron esperanza para seguir con mi misión, comunicar, aprender y concienciar de alguna forma nuestra sociedad.

Este viaje ha sido toda una experiencia y realmente, el choque de realidades ha sido tan fuerte que aún me cuesta entender como tanta miseria, corrupción y pobreza pueden vivir en el mismo mundo que yo. Aun así, también he visto como estas aldeas se han superado con el paso del tiempo con trabajo y ayuda humanitaria.

Don Pablo, el padre de la familia con la que compartí esta gratificante experiencia, me explicaba que hace unos años atrás, no había caminos y todo era selva y lodo en los días de lluvia. Ahora, gracias a organizaciones como Global Humanitaria entre otras, y las mismas familias, han construido un pequeño puente para poder llegar a sus casas y atravesar el río. Los materiales con los que fueron construidos el puente de San Antonio fueron cargados por los mismos niños y adultos de la aldea.

En la comunidad de San Antonio en Petén, no hay electricidad, ni agua, ni mucho menos un baño tal y como lo conocemos. Su alimento diario son las tortillas de maíz y los frijoles. Los niños van buscar agua en sus cántaros pesados al pozo para luego hervirla y poder beber. Hace poco, la misma organización, GH Guatemala, también construyó unas letrinas, que ya se encuentran en pésimas condiciones debido al maltrato del clima y el deterioro del paso del tiempo.

Me fascinó su afán por superarse, la ilusión de los niños por ir al colegio unas horas al día, y la alegría con la que pasan el tiempo. Les pregunté cuál es su necesidad más importante en aquel momento, y me respondieron: “Necesitamos más escuelitas y material para los niños”.

Global Humanitaria atiende a 92 escuelas y parecerá mucho pero realmente es sólo un granito de arena, pero ese granito marca la diferencia en la vida de estos niños y les da esperanza para el futuro. Creo que es importante concienciar a los jóvenes de Miami, para que entiendan la oportunidad que se les ofrece al brindarles una educación, ya sea en un college o una universidad. La educación está infravalorada en el mundo occidental, ya que por norma los jóvenes siguen estudiando de forma sistemática sin entender la verdadera importancia que esta les va proporcionar a la hora de desarrollarse y llevar a cabo sus sueños.

Hoy, quiero dirigirme a los jóvenes que están estudiando, que tienen ilusión y sueños. A los estudiantes que quieren hacer un cambio positivo en su vida. Quiero animarles y expresarles que su granito sí importa. Existen muchas formas de ayudar, no es tanto el aporte económico como involucrarse con la vida de un niño de estas comunidades a través de una carta, por ejemplo. Ellos las reciben como un valioso regalo de su padrino o madrina. Estas cartas son educación y también esperanza. Les invito a abrir su corazón, concienciar su mente y a vivir de forma más humana. Son muchos los que desean hacer grandes cosas, pero a veces necesitamos ese pequeño empujón para hacerlas. Y es que vivimos tan ocupados, que se nos olvida agradecer por todo aquello que tenemos.

He llegado a la conclusión de que tocar el corazón de una sola persona vale la pena, no dejen que les digan lo contrario. A mí me tocaron el corazón en Petén, y desde entonces mi vida ha dado un cambio radical lleno de esperanza y nuevos proyectos. Les dejo un ejemplo para que sí así lo desean, aporten su granito de arena y a través de la educación conciencien a muchos otros de que sí se puede. http://www.globalhumanitariausa.org

Atrévete y Opina es un espacio dedicado a temas de actualidad que afectan a los jóvenes. Sigue a @lauradocon en Twitter.

Read more here: http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article9404957.html#storylink=cpy

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