Sorpresas inesperadas

Barcelona café

Barcelona café

Vestida de rojo vivo, paseando sin pretensiones, elegante y segura, Sara logró despertar la curiosidad de todos aquellos que la veían pasar.

Sara se levantó con ganas de comerse el mundo, dejar atrás los prejuicios y hacer de su día una aventura nueva, -lo que no sabía aún es que la vida le tenía preparada una sorpresa para ella-.

La actitud positiva, la sonrisa en su rostro y las ganas por conquistar el día, influyeron de alguna forma a que se cruzará esa mañana, camino al trabajo, con un chico de piel trigueña, ojos color caramelo, sonrisa de actor de cine y mirada misteriosa.

Esos cinco segundos en el metro dirección a la plaza de España, fueron tan intensos que olvidó que tenía que bajarse y siguió en el tren, sin rumbo ni destino. Cuando levantó la vista para ver las paradas, se dio cuenta que ya se había pasado hacia rato.

Sara, sonrojada y nerviosa sentía la cálida mirada del muchacho clavada en su piel. Hacia tiempo que no sentía aquel sentimiento mágico de no saber que ocurrirá segundos más tarde.

Mientras se decidía a cruzar el vagón para hablarle al chico de aparentemente 26 años, desmelenado, pero com estilo y gracia, este ya había dado com ella, y se encontraba a tan sólo dos pies. Sara, recostada en la ventana pretendía no inmutarse con su presencia, y decidió quedarse inmóvil dentro de aquel tren matutino lleno de personas. Se quedo quieta, y dejo que el destino, y el momento presente hicieran su labor.

– Buenos días, finalmente le dijo.

Sara se giró, y mirándolo perpleja le contestó: – ¿Es a mi ?

Le sonrió como diciendo, es obvio ¿no?

– Buenos días, -contestó Sarah con un hilo de voz.

– Nunca me presento de esta forma a un desconocido, pero hay algo que me llamó la atención dentro de mí, y quería saber si puedo invitarte a tomar un café, si te apetece. Acabo de llegar a Barcelona desde Puerto Rico, y me perdí -sonrió el joven.

Sara pensó, vaya excusa, aunque el chico parecía honesto y se le notaba perdido.

– La verdad es que yo me pasé mi parada, así que sí quieres te acompaño. Justo a una parada de aquí, hay una cafetería típica que tienen unos dulces buenísimos, llamados ensaïmadas. Bueno en realidad las traen de Mallorca, una isla frente a la costa del Mediterráneo, ¿Has oído hablar de ella?- dijo Sara.

Porque le habría dicho todo aquello, no lo sabía ni ella, pero surgió de forma natural y juntos se fueron a disfrutar de la mañana sin pensar, ni juzgar, simplemente se dejaron llevar.

Después de un agradable desayuno acompañado de una entrañable conversación parecía que se conocieran de toda la vida.

– Bueno Pablo, fue un placer conocerte pero tengo que irme al trabajo, ahí está la parada del bus por sí quieres conocer el centro y el barrio gótico.

– Oye Sarah, me pareces una chica muy interesante y simpática tal vez nos volvemos a ver si tu quieres.

Le escribió su nombre y número de teléfono en una servilleta de papel y se despidió con una sonrisa. Segundos más tarde ya había desaparecido entre la multitud ajetreada, feliz y con un sentimiento de confusión y triunfo.

Hay veces que la vida nos sorprende sin más, cuando esto ocurre no hay que darle muchas vueltas, aunque es más fácil decirlo que hacerlo.

La vida está llena de sorpresas inesperadas, tal vez hoy sea tu día. Por eso hay que disfrutar cada minuto como sí el mundo fuera a terminarse hoy. Confiar en uno mismo y estar abierto a las oportunidades son claves para disfrutar de encuentros casuales que se nos presentan sin premeditarlo.

Continuará…

Mis mejores deseos para tu día.

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